Deja para mañana, lo que puedas no hacer hoy: la buena procrastinación

Se atribuye a Benjamin Franklin el socorrido lema “Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Que yo de pequeño tuneaba como “Nunca dejes para mañana lo que puedas comer hoy”. Y aquí estoy, con obesidad en grado II.
John Perry sostiene que este principio es totalmente absurdo. “Supongamos que cada día acabe a medianoche. Según el adagio, mientras no sea medianoche, tendrías que estar trabajando en algo, incluso si pudieras hacerlo igual al día siguiente. Y esto significaría, entre otras cosas, no ver nunca el Late Show de David Letterman. Así que habrías perdido el contacto con los temas de actualidad. También significa que nunca irías a dormir antes de medianoche, a menos que no haya absolutamente nada que podrías estar haciendo hoy en lugar de mañana” (La Procrastinación Eficiente).

Con un planteamiento así nunca dormirías, porque a poco que tengas algo de responsabilidad y de ambición en tu proyecto profesional, acabarás tu jornada laboral con tareas suficientes como para llenar los dos días siguientes.
¿Dejas de trabajar más tarde de tu hora de acabar? Más del 90 % de los directivos alargan habitualmente su jornada de trabajo. Y aunque estemos acostumbrados a que sea así, no debería parecernos tan normal. Si dedicamos al trabajo sistemáticamente más tiempo del que tenemos previsto dedicar, significa que dedicamos sistemáticamente menos tiempo a otras actividades a las que igualmente queremos dedicarnos: familia, descanso, actividades
sociales…
¿Quieres tocar un instrumento, visitar tus familiares o participar en una ONG pero lo aplazas para cuando tengas más tiempo?
Como ha demostrado el neurocientífico holandés Daniel Siegel, la mente de un directivo -en realidad la mente de cualquier profesional- necesita alimentarse diariamente de Dormir, Ejercicio, Juego, Conexión, Time in y Down Time, para alcanzar la Healthy Mind Platter. No dejes para mañana lo que puedas dormir hoy. Cada noche tienes una cita con los tuyos y con tu almohada. ¿Por qué no una cita con el sol cada día que comienza?

Independientemente de tu campo de actividad, nunca te ocuparás de todo lo que podrías hacer, de todo lo que te puedes cuidar y de todo lo que puedes supervisar. Hay un número infinito de cosas que podemos hacer en cada momento: correos que enviar, listas que hacer, conversaciones pendientes, lecturas demoradas, iniciativas por impulsar.
La pregunta no es, por tanto, cómo evitar que se retrasen algunas cosas, sino cómo retrasar las que deben ser retrasadas y no otras. Es necesario reconocer tantas tareas que tienen una importancia inflada y unos plazos irreales. Nos obligamos a pensar que son importantes y urgentes.
Militemos en el Imperfeccionismo. Si nos proponemos hacer solo cosas perfectas e importantes, nunca avanzaremos. La pretensión de hacer algo perfecto es una trampa, siempre podemos revisar más la redacción, fundamentar más las fuentes, verificar más el resultado. En el 99% de ocasiones toca hacer simplemente un trabajo correcto, algo que no esté mal. No hacemos cada día la entrevista perfecta o el artículo redondo.

Evitemos preguntarnos ¿No podemos hacerlo mejor?, recomienda John Perry. “Procrastinar ha sido un modo de darme permiso para hacer un trabajo menos que perfecto para una tarea que no exigía un trabajo perfecto. Un trabajo menos que perfecto servirá, y además, es lo único que voy a conseguir hacer de todos modos”.
Como me enseñó Leopoldo Abadia Jr. en los trabajos de consultoría hay que aprender a trabajar lo peor posible. Quién quiere agotar el tema acaba agotado y agotando. He tardado décadas en aprenderlo.
– no aportar todas las ideas
– no dar todas las vueltas posibles
– acotar la dedicación mental al tema
– limitar las transparencias
– cortar el ciclo email de agradecimiento
– renunciar a ser exhaustivo en actas, resúmenes

13 comentarios en “Deja para mañana, lo que puedas no hacer hoy: la buena procrastinación”

  1. Gabriel, m’han agradat molt tots els escrits, especialment aquest. Tens tota la raó que no s’ha de forçar la màquina per treballar i fer-ho bé. A la meva edat, 82 anys, crec que he de plegar de llegir o escriure a l’ordinador a les 7 o 8 de la tarda, per dedicar-me a reposar, ajudar la família, escoltar o mirar notícies a la ràdio o a la tele, assistir a conferències o actes culturals ……. No es poden perdre les relacions personals per treballar exclusivament.

    1. Tu ets un savi que sempre has administrat molt bé la teva vida. Ens has deixat clar que la conversa amb les persones que aprecies es una de les fonts de la bona vida i de la felicitat.

    1. La idea de acabarse la faena es una trampa. El trabajo posible es siempre más. No es que nos falte tiempo para lo que queríamos hacer, sino que ponemos demasiadas cosas en el tiempo que tenemos. No es que nos falte tiempo, sino que al acabar el día las cosas que hemos hecho no nos llenan.

  2. Ho ha molt de seny en la proposta, però el «militemos en el Imperfeccionismo» (entenc que és una expressió provocativa) podria ser una porta a no intentar fer prou bé les coses. Massa alumnes no revisen els seus treballs abans d’enviar-los, massa gent no treballa amb il·lusió o esforç, massa comoditat arruina les virtuts. En fi, ja saps… l’excel·lència tampoc és tancar-se en el treball sinó feel. que convé Quan convé i algun dia un extra…

    1. M´agrada fer servir l´expressió. Trabajar lo peor posible. La qual cosa no vol dir treballar malament. Ans al contrari és la única forma per tenir un output equilibrat i sostenible.

  3. La tarea por simplificarnos es algo continuo. A ver si nos encontramos de nuevo. Fijate que imparto talleres virtuales también. Me está constando ir a México desde el Covid.

  4. Feliciano González

    Muy acertada reflexión, y muy refrescante. El desempeño, la lucha por la mejora de resultados no suele consentir retrasos ni desenfoques. Sin embargo, la innovación exige el desenfoque. Aquí tenemos una vez más el debate entre ambos universos de la gestión.
    Gracias Gabriel

    1. Podemos conceptualizarlo como el eterno dilema entre eficiencia en la actividad y eficacia, como alcanzar las necesidades más profundas. Como bien apuntas hay un juego constante bifocal, de lanzarse a la eficiencia, pero después revisar, detenerse, replantearse sobre si realmente estamos en la eficacia.
      Gracias Feliciano por tu comentario. Tenemos que inventar una fórmula para seguir nuestro debate, experimentarlo incluso.

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